De París a Taboga

August 1, 2019

Marlene Steuber

Esta frase la decía mi bisabuela, Abigail Pacheco, conocida como Mamita. No tuve la suerte de conocerla, pero los cuentos de ella son los favoritos de todos en la familia.  

Cuando empecé a escribir siempre tuve claro el título, siendo estos lugares lo primero que pienso cuando la recuerdo. Pero en el proceso de escribir y compartirlo con Mami (para estar segura que describía bien a Mamita) aprendí algo mucho más lindo de ella. Lo que la hacía tan especial no era adonde estaba sino lo que tenía en el corazón.

París y Taboga, una isla en Panamá, eran sus lugares favoritos y muy hábilmente diseño su vida para vivir entre ambos rodeada de su familia que tanto quería. De la cuidad de Panamá decía que el clima “no le sentaba” y apenas podía partía a estos destinos.

Le pregunté a Mami porque le gustaba París y me contesta: “Era feliz en París, todo le gustaba: caminar la ciudad, hablar con la gente, respirar su aire, parar en los cafés, los parques, los stands de libros, los delis, leer los menús afuera de los restaurantes, Montmartre, los teatros, hablar francés, las tiendas (Au Bon Marche adonde compraba toda clase de delicateses para mandar a Panamá cómo Marrón glacé y paté) Llevaba estampillas de Panamá para regalar y hacer amigos. Todo Paris me acuerda de ella.”

En Taboga, era la amiga de todos. Uno de sus proyectos favoritos fue la construcción de su casa frente al mar, la cual fue punto de encuentro para sus primas y sobrinos. Al día de hoy, se siente su alma y amor por la isla en esa casa.

Cuentos y anécdotas de ella sobran. De los favoritos míos son:

-el poema que escribió adonde el narrador era su ropa interior describiendo todos los lugares del mundo que había viajado,

-la vez que se encontró un ladrón en su casa en el Casco Viejo, se puso a conversar con él y terminaron amigos.  Después le tocaba el timbre y ella preguntaba quien era y le decía “el ladrón”. Lo invitaba a pasar y a comer.

Contar historias de familiares es una manera especial de recordarlos y crea una conexión de adonde venimos. De ella tengo el espíritu aventurero, el amor por viajar y el mar. Espero poder disfrutar la vida y que mi familia me acuerde con tanto cariño y amor como a ella.

Pero, sobre todo, realicé que nos inculcó el amor por ser Madres. Su deseo era ser recordada así: “ El amor maternal llenó su corazón hasta el último día."