¿Mantener las escuelas cerradas hará más daño que abrirlas?

June 30, 2020

Marlene Steuber

Esta es una pregunta que actualmente se están haciendo investigadores, doctores y educadores alrededor del mundo. Por el momento, hay pocos estudios, con conclusiones muy diversas y realizados en ambientes poco realistas por las cuarentenas. Sin embargo, las noticias de las más de veinte naciones europeas que han reabierto las escuelas han sido extremadamente alentadoras, y la urgencia de duplicar ese logro aquí es indiscutible.
La planificación de la reapertura de las escuelas debería ser una de las principales prioridades del gobierno. No podemos tener una economía funcional, ni ninguna esperanza de reducir las desigualdades económicas, sin un sistema educativo que funcione.

¿Por qué no dejar las escuelas cerradas?

Mantener las escuelas cerradas es una receta para una mayor desigualdad educativa y económica. En estos momentos, esperar a que una vacuna o un tratamiento exista para abrir escuelas es simplemente insostenible. Los factores que se ven afectados van desde lo personal a lo social.

Desarrollo y aprendizaje virtual

Los cierres de escuelas están afectando el desarrollo de los niños. Está documentado que los reveses de aprendizaje que se producen durante vacaciones pueden fácilmente acabar con uno o dos meses de crecimiento académico; por lo que, los causados por la pandemia podrían ser catastróficos generacionalmente en comparación. Por más de que el cerebro tengo la capacidad de adaptarse, llamado neuroplasticidad, estos lapsos de tiempo sin escuela no son ideales.

La opción del aprendizaje virtual no es el óptimo para las necesidades neurológicas de los niños. Desde los años 90, existe mucha información de las necesidades de un cerebro en desarrollo. Las conclusiones son que niños y jóvenes pueden usar pantallas, con moderación y en pequeñas dosis, mientras experimenten con interacciones cara a cara, movimiento y experiencias sensoriales en un mundo 3D (vs un mundo 2D de pantallas). Con pantallas, la atención siempre está externalizada, pero cuando juegan en 3D la atención se internalizada, desarrollando su imaginación.

El tiempo en pantalla funciona como una privación sensorial en el cerebro joven. Después de largos períodos enfrente de una pantalla, van a necesitar sacar energía acumulada, resultando en mucha actividad física y hasta comportamientos fuera de control. De esta forma, los niños no aprenden a auto-regularse enfrente de pantallas. Necesitan de relaciones humanas para por medio de la co-regulación lograr su auto-regulación.

Además, el cambio al aprendizaje en línea es casi seguro que empeora la desigualdad educativa. Muchas familias de bajos ingresos carecen de un acceso a Internet por computadora y de banda ancha en el hogar. Muchos también trabajan en espacios pequeños y compartidos, todo teniendo que lidiar con el trauma de vivir en una pandemia.

Salud mental

También hay graves consecuencias para la salud mental al mantener las escuelas cerradas. En un mundo ideal, los padres podrían pasar el día con sus hijos, proporcionándoles experiencias de aprendizaje. Pero la realidad de muchas familias es otra. Por los tiempos económicos difíciles, ambos padres se están viendo en la necesidad de trabajar, ya sea afuera o dentro de la casa. En este último escenario, es probable que recurran a pantallas para “entretener” a los hijos.
En caso donde haya disfunción doméstica (violencia doméstica, abuso de sustancias parentales o trastorno mental), el riesgo de abuso infantil aumenta, y hay razones para creer que todas estas cosas aumentarán durante esta pandemia. Miles de niños dependen de la seguridad, estructura y alimento que les proporcionan los centros educativos.

Reiniciar las clases es esencial; para el desarrollo de los niños, para la salud mental de la población, y para revivir la economía, razones por las cuales varios países ya lo han hecho.