Mia

August 11, 2019

Marlene Steuber

Cuando visito a mi abuelita Mia en Panamá, a veces espero que tenga momentos de lucidez pura y me comparta todos los secretos de la vida. Para 99 años está muy bien; conversa (de los temas que ella quiere), recita (es su pasión), canta (¡hasta en francés!) y puede hacer todas las rutinas solita (bañarse, comer, caminar). Pero por mucho tiempo he estado esperando que me comparta esa sabiduría que se dice viene con la edad.

Hasta que en mi última visita realicé … que aunque no me lo diga como yo quiero oírlo, si presto atención a lo que quiere conversar, implícitos están los mensajes que tanto busco.

Hablamos de los mismos temas: me habla y recita de su Mamá, (Mamita), pregunta por sus dos hijas (Zita y Delia), me cuenta de su única hermana (Tía Delia) y sus primas. Con su hermana y sus primas compartió toda su vida: temporadas en Taboga, viajes, la escuela y la crianza de sus hijos. De todas, la única que queda viva es Mia… me acuerdo como les gustaba hablar por teléfono hasta tarde todas las noches. Aunque nos canse que nos pregunte por las mismas personas, finalmente vi con claridad que para ella estas personas son las más importantes … su madre, sus hijas y su familia.

Nos recita a veces los mismos versos … se le olvida que los dijo hace 5 minutos y nosotros no le acordamos.  De esto aprecio como ella mantiene vivo lo que le apasiona. Amante de la poesía, autora y admiradora de otros autores, es increíble como no sabe que desayunó, pero de sus versos no se le olvida ni una palabra.

Me habla de sus recuerdos que tanto atesora. De su escuela, el Colegio de San José (en Panamá), de la Niña Marina, la directora, la cual sospecho fue la responsable de introducirla al mundo de la poesía. Me cuenta de sus estadías en París, de su Nana Deborah, del Junior College en New York y de su trabajo revisando cartas en la Segundo Guerra Mundial.

Antes me angustiaba de que le iba a conversar en nuestras visitas, porque no es fácil ya tener una conversación con ella. Pero ahora aprendí que solo me siento con ella, espero a que ella hable y hablamos de eso. Recita, pregunta … y de la nada (mi nuevo dicho favorito que aprendí de mis hijos) empieza a cantar “Júrame” … y cantamos con ella. A mis hijos les hace gracia cuando sale con cosas así, cuando repite las mismas cosas y como se inventa sus propias palabras sucias, para no decir nada inapropiado.

De Mia heredé muchos amores. Mi amor por escribir viene de ella y ahora lo veo reflejado en mi hija también. Mi amor por la historia, la política y estar enterada de lo que está pasando. Mi amor por Panamá y toda mi familia allá.  Pero más que nada, mi amor tan profundo por mis hijos.