No los soltemos

November 16, 2019

Marlene Steuber

No les soltemos la mano a nuestros hijos. Esta es la imagen que se me viene a la mente cuando pienso en lo que quiero escribir hoy. La imagen de cuando están pequeños que les damos la mano para cruzar la calle, como símbolo de que estamos ahí y los vamos a cuidar y guiar. Pero llega una edad, adonde acercamos la mano y ya no nos la quieren dar. Y no se porque, está la creencia de que esto es una señal que ya hay que dejarlos … soltarles la mano.

Cuantas veces hemos oído … ya está en secundaria, que se la juege solo …. que vea a ver que hace, ya está grande. Pero yo pienso que, aunque nos quieran soltar la mano tenemos que seguir muy a la par de ellos cuidándolos y guiándolos. Por supuesto, darles su espacio que cada día necesitan más, pero con un balance de seguir buscando momentos para estar juntos.

Los estudios confirman que el cerebro no termina de madurar hasta los 25 años, ¿entonces porque pensamos que en la adolescencia ya no necesitan nuestra compañía?

Como mamá y profesional, veo los talleres para padres de preescolar llenos … todos quieren aprender y participar. Pero conforme avanzan los años van cada vez menos y menos. Cuando los hijos pasan a secundaria, cuando más deberíamos tener una comunidad de padres que nos apoyemos y aprendamos juntos, es cuando menos asisten. ¿Por qué será?

El otro día, me dice una mamá, “Voy a comprar un Toolkit para mis sobrinos que están pequeños, porque ya mis hijos están en secundaria” ¿Por qué estamos dispuestos a probar cosas nuevas y aprender herramientas cuando están pequeños, pero ya más grandes no?

Creo que una parte es que son temas y situaciones que son nuevos y nos asustan. Y otra parte, es que percibimos ese deseo de ellos de querer espacio como algo definitivo.

Yo propongo estar ahí … aunque no sepamos que hacer, que decir, como manejar una situación … que los hijos sepan que estamos para lo que sea … lo bueno, lo malo, las “tortas”, los logros.

De adolescentes, y por el resto de la vida, no les soltemos la mano. Y sí, cada vez que les digo “hagamos algo”, casi siempre me contestan con una subida de ojos, pero sigo tratando; los invito a tomarse un café, veo futbol americano y youtube (por ahora, solo al futbol americano le he agarrado el gusto, las youtubers no hay forma … pero eso es otro blog), voy a sus actividades, llevamos y traemos (aunque estemos muertos de sueño).

Al ver la adolescencia como una etapa, siento que he logrado disfrutarla y no resistirla; con sus incertidumbres, miedos, nuevas experiencias, emociones extremas. Aprender que ya no puedo arreglarlo todo, pero si puedo acompañarlos. Aprender que puedo sugerir, pero al final ellos son los que toman las decisiones, y que van a cometer errores, pero parte de la vida es aprender a rectificarlos.

Honestamente, la adolescencia de mis hijos no ha sido difícil … ojalá yo hubiera sido una fracción de lo que ellos son ahora. Gozan cuando mis papás les cuentan de mi adolescencia; no pueden creer que amanecía de mal humor y no le hablaba a nadie (cuando ahora soy Ms. Morning Person), que todos los días me dejaba el bus (cuando ahora trato de ser lo más puntual), de malas decisiones (cuando ahora pienso mucho antes de tomar decisiones), de no esforzarme lo suficiente en la escuela (cuando ahora en cada cosa de mi trabajo reviso hasta el último detalle). Mis papás nunca me soltaron la mano.